De banalidades y actos de buena fe…

El Mensajero
Febrero de 2018

Muchas y diversas son las noticias con las que nos bombardean tantos los medios impresos, como radio, televisión y, por supuestísimo, las redes sociales, en lo referente al acontecer político y los dimes y diretes que escenifican los suspirantes de todos los colores  a las diversas candidaturas de puestos de elección popular tanto de los partidos políticos, como de quienes considerándose “independientes”, no pueden deshacerse de la cruz de su parroquia que, para bien o para mal, todavía les sigue como sombra.

Que si a fulano lo sentaron o que manganito hizo berrinche y se fue a otro partido, o que a perengano le dieron una probadita de su propio chocolate.

Actos de malabarismo, acrobacia y magia son la nueva realidad en los partidos políticos que pareciera se transformaron en circos de tres pistas, por aquello de las decisiones que toman en el ámbito municipal, estatal y federal. 

Y con tanta levantada “de faldillas” -como decíamos antaño cuando a alguien le sacaban los trapitos al sol o le señalaban defectos u omisiones en su ser o quehacer-, se resquebraja aún más la confianza ciudadana, tanto en los políticos como en las instituciones impulsoras y dizque garantes de la democracia en nuestro país, reafirmando también la creencia popular que todos parecen ser buenos hasta que llegan  al poder y se acostumbran al olor del dinero fácilmente adquirido.

Porque hay que reconocer que eso de levantar el dedito  o poner a trabajar a los chalanes y asesores, no es precisamente un ejercicio intelectual o físico que les haga sudar la gota gorda, mucho menos les quita el sueño procurar eso que llaman bienestar de la gente o  justicia social, mucho menos hacer realidad esos conceptos tan manoseados pero tan efectivos en el discurso público que apelan a una mejor sociedad donde funcionen los equilibrios de la naturaleza, la sociedad y, lo más importante, de nuestro entorno familiar.

Mientras tanto, los que supuestamente evaluamos la calidad de las representaciones circenses, a la mayoría nos vale gorro que se anden peleando por el posible huesito que pudieran conseguir. Está tan revuelto el río que mejor nos hacemos a la vera del camino, no vaya siendo que nos salpiquen. Ya llegará el momento de hacernos oír.

Lo que sí sería lamentable es que por motivos de la veda electoral que está ya a la vuelta de la esquina, programas de apoyo social, de los tres niveles de gobierno, de gran impacto para las comunidades vulnerables -de las cuales existe un gran porcentaje en nuestro estado- sufran por la supresión de los mismos hasta que pasen las elecciones, o lo que es peor, que dichos  programas sean utilizados para la compra del voto ciudadano, denigrando, no a quienes los reciben como dádivas sino a quienes los utilizan en este sentido.

Distraídos en estas banalidades, a muchos pueden pasarnos desapercibidos temas mucho más importantes, como los que se suscitan en el sector salud, un área prioritaria para el bienestar ciudadano y que adolece de tantas carencias que podría decirse está en crisis permanente.

Basta con acudir a las farmacias del sector salud público, obviamente, donde la falta de medicamentos del cuadro básico es notoria. Mis recientes experiencias en ISSSTESON dan cuenta de ello, tanto que creo me estoy convirtiendo en coleccionista de vales de medicamentos.

Justo es reconocer que los hay quienes se preocupan y ocupan por mejorar las condiciones del sector y, por ende, del bienestar ciudadano.

Y aquí rescatamos la reforma de ley recién aprobada en el Congreso del Estado, por iniciativa del diputado Epifanio Salido Pavlovich, para el esquema de donación de órganos en el que los sonorenses seremos prioritarios en la recepción de los mismos. Paulatinamente estamos migrando a una cultura más consciente y generosa en lo que a salvar vidas se refiere, aún a pesar del dolor que significa la partida de un ser querido, pero que con estos actos humanitarios, puede brindar un cierto sentimiento de consuelo por los beneficios que ello conlleva.

Ahora urge trabajar para que los procesos médicos y legales para el trasplante de órganos se puedan realizar con la celeridad y seguridad que dicha acción amerita. Sobre todo, fortalecer el sistema de salud de carácter público para que realmente llegue a todas las clases sociales, no solo a quienes cuenten con los recursos económicos para ello, como hasta hoy parece ser el caso, especialmente en lo relativo a los trasplantes in vivo, que dicho sea de paso, ésa ya es otra historia.

azaleal@prodigy.net.mx

@Lourdesazalea



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