¡Fuera, fuera! ¡Buuhhh!

Mensajes

Gilberto Mensajero Armenta

 

Desearía que se desarrollara en todos los pueblos un consciente sentido de paz y el sentimiento de solidaridad humana, que puedan abrir nuevas relaciones de respeto e igualdad para el próximo milenio, que deberá ser de fraternidad y no de conflictos cruentos

Rigoberta Menchú

 

El abucheo está condenado. Antes era una mera y genuina arlequinada del vulgo usada en cualquier plaza tirada a diestra y siniestra, sin mayor propósito que la risotada.

Hoy la politica nacional lo ha convertido, según le convenga, en una burda diatriba o en un desatinado loor.

 

Perdió su esencia pueblerina, porque antes igual se abucheaba al párvulo que olvidaba el juramento a la bandera un lunes por la mañana, que al catedrático que se equivocaba de teorema frente a su salón de clases. No importaba, el chiste era abuchear al tonto olvidadizo.

 

Hoy, el abucheo es a veces chairo y a veces fifi, pero ya no es del pueblo, ahora le pertenece a la élite politica de izquierda y de derecha. A la ambidiestra también.

 

Con el abucheo se descalificaba a la oposición (léase gobernadores) que se plantara frente a la 4T, y que se festinaba como un acto de indomable acción republicana.

-          Es el pueblo hablando – decían mientras blandían el puño.

 

Pero ya el abucheo cambio de bando. Ya se escuchó del otro lado y cimbró a esa misma 4T que antes lo escuchaba como música al oído, y que ahora lo sentencia como una estridencia.

 

El problema es el manejo que en adelante se le dé al hecho. Ya no es abucheo, ni manifestación del pueblo sabio y bueno, y mucho menos una porra fifí.

 

Es ya una ingobernabilidad prematura que no debe tomarse a la ligera.

 

Y en medio de todo, quien debería dirimir la diferencia con harta sabiduría, le atiza al fuego calificando a unos de justos, y a otros de pecadores.

 

El termómetro de esa provocación innecesaria son las benditas redes sociales, que se han vuelto locas enfrentadas entre ellas cantándose “tirito” y anticipando que, en cualquier acto público futuro, ya no será guerra de abucheos ni de porras, sino una batalla campal en defensa de bendita sea la causa que los tenga ahí. ¡Cuidado con eso!

 

El abucheo beisbolero no daba para mucho, era cuestión de sobrellevarlo nada más. Pero enfrentarlo de la forma en la que se hizo fue un error de manejo izquierdo-político elemental. No se azuza al tigre de esa forma, aunque el tigre sea de jaula propia.

 

No se gobierna un país pensando solo en los que aplauden, y mucho menos descalificando a los que vociferan.

 

La federación entra apenas en su segunda centena, ¿se convertirá el abucheo en su marca distintiva y sello personal para imponer gobierno?

 

Gracias por la lectura. Puede seguirme en @mensajero34 y en facebook.com/gilberto.armenta.16


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