La catástrofe de Chernóbil, producto de malas decisiones

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que unas 5 millones de personas fueron afectadas


El Mensajero

Martes 14 de mayo de 2019


El sábado 26 de abril de 1986, la ciudad de Chernóbil, al norte de Ucrania, fue escenario de uno de los más graves desastres ambientales conocidos: a la 1:23 de la mañana el reactor de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin estalló, liberando entre 185 a 250 millones de toneladas de material radiactivo al medio ambiente, lo cual alcanzó a cubrir buena parte del este de Europa.

 

El origen de este desastre que mató a 31 personas esa mañana, pero afectó a miles a largo plazo por la contaminación radiactiva fue debido a una serie de errores humanos.

 

UN ACCIDENTE PRODUCTO DE MALAS DECISIONES 

De acuerdo con el informe que la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) dio a conocer en agosto de 1986, el día de la explosión, el equipo que operaba la planta se propuso realizar un experimento con la intención de aumentar la seguridad del reactor. Para ello debían averiguar cuánto tiempo continuaría generando energía eléctrica la turbina de vapor, una vez cortada la afluencia de éste.

 

Las bombas refrigerantes de emergencia, en caso de avería, requerían de un mínimo de potencia para ponerse en marcha (hasta que se arrancaran los generadores diesel) y los técnicos de la planta desconocían si, una vez cortada la afluencia de vapor, la inercia de la turbina podía mantener a las bombas funcionando.

 

Para realizar el experimento los técnicos no querían detener el reactor, a fin de evitar un fenómeno conocido como envenenamiento por xenón. Los operadores insertaron las barras de control para disminuir la potencia del reactor y ésta decayó hasta los 30 MW (megavatio térmico).

 

Con un nivel tan bajo, los sistemas automáticos pudieron detener el reactor y por esta razón los operadores desconectaron el sistema de regulación de la potencia, el sistema de emergencia refrigerante del núcleo y otros destinados a la protección.

 

Con 30 MW comenzó el envenenamiento por xenón y para evitarlo aumentaron la potencia del reactor, subiendo las barras de control; pero con el reactor a punto de apagarse, los operadores retiraron manualmente demasiadas barras de control.

 

De las 170 barras de acero al boro que el núcleo tenía, las reglas de seguridad exigían que hubiera siempre un mínimo de 30 barras bajadas, y en esta ocasión dejaron solamente ocho. Con los sistemas de emergencia desconectados, el reactor experimentó una subida de potencia extremadamente rápida que los operadores no detectaron a tiempo.

 

Cuatro horas después de iniciar el experimento, algunos operarios en la sala de control comenzaron a percibir que algo andaba mal. Cuando quisieron bajar de nuevo las barras de control, éstas no respondieron debido a que quizá ya estaban deformadas por el calor, y las desconectaron para permitirles caer por gravedad.

 

Se oyeron fuertes ruidos y entonces se produjo una explosión causada por la formación de una nube de hidrógeno dentro del núcleo, que hizo volar el techo de 100 toneladas del reactor provocando un incendio en la planta y una gigantesca emisión de productos de fisión a la atmósfera.

 

Las poblaciones vecinas tuvieron que ser evacuadas; a dos días del incidente  se divulgó que los niveles de celsio-137 en la zona estaban 10 mil veces arriba del límite máximo.

 

Al menos 100 mil pobladores que habitaban en un radio de 30 km de la planta tuvieron afecciones crónicas por los contaminantes a los que fueron expuestos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que unas 5 millones de personas fueron afectadas.

 

EL FUTURO DE CHERNÓBIL

En 2016 la parte ucraniana de la zona de exclusión fue declarada Reserva Radiológica de la Biosfera por el Gobierno de Ucrania. Contra los pronósticos iniciales, el área sirve ahora de refugio a numerosas especies amenazadas a escala Europea o nacional. Entre ellas destacan el oso pardo, el bisonte europeo, el caballo de Przewaslki, la cigüeña negra y el águila pomerana.

 

En la actualidad varios proyectos intentan retomar la actividad humana en la zona. Se ha popularizado el turismo de catástrofes, con más de 70.000 visitantes en 2018. Existen planes para construir plantas solares para la producción de energía. Incluso el pasado otoño se organizó un festival de música electrónica en la abandonada ciudad de Prípiat.


Fuente: Muy Interesante

Notas relacionadas:

Opiniones sobre esta nota

Comenta esta nota

Ir arriba