El decálogo del presidente

Mensajes

Gilberto Mensajero Armenta

Los tiempos actuales en México son difíciles, y sobra dar detalles, usted y yo los conocemos y los vivimos a diario. Esperamos respuestas y acciones de gobierno que alivien la angustia y la enorme percepción de que estamos a punto de perderlo todo.

Las voces que escuchamos a diario, en persona de expertos, no son nada halagadoras en cuanto a la economía, el empleo y la familia.

Muchos han perdido ya sus empleos, otros tantos sus negocios familiares, y grandes empresas han iniciado ya con el recorte de personal. Pronto la liquidez familiar alcanzara ajustadamente para solo la provisión elemental.

En medio de esta incertidumbre llega el mensaje presidencial intitulado “Decálogo para salir del Coronavirus y enfrentar la Nueva Realidad”.

En lo personal solo rescato como válidos los puntos 1 y 5, que nos instruyen a estar bien informados respecto a la pandemia y su contexto, y a hacer de la prevención un estilo de vida para evitar mayores consecuencias con el Covid-19.

Los otros ocho puntos, son un banal y brutal sofismo.

Son, además, la ineludible muestra de que, como sociedad, y en lo que respecta al gobierno federal, estamos solos ante la pandemia y la economía que viene volando en barreno.

Mire, se lo voy a poner muy práctico procurando que usted me entienda mejor. Tenemos ya todos noventa dias encerrados en casa, y estamos cansados. Algunos han perdido seres queridos, otros el empleo, los más afortunados han sufrido recortes en su salario por aquello del “home office”. Otro sector conserva todos los beneficios de su trabajo, pero sufre saliendo a diario con el temor de contagiarse. En la puerta del refrigerador cuelgan los recibos de luz, agua, internet, renta, colegiaturas, lista de “mandado”, y los cobradores siguen tocando a nuestras puertas. Toda su vida social esta en suspenso, y todos sus planes y proyectos detenidos. Está usted molesto porque no puede ir a la playa, a la plaza, ni a los parques. También porque dejó de practicar su deporte favorito, y porque tiene semanas sin ver a sus padres, hermanos y demás familiares cercanos. Esta enojado con las autoridades porque mientras usted cumple con todas las restricciones, hay otros allá afuera que siguen viviendo como si nada, y ni siquiera usan un cubrebocas.

Bueno, el presidente le dice que sea usted optimista, no pasa nada; lo que debe hacer es dejar de ser egoísta, y compartir con sus vecinos la poca despensa que le queda; olvidándose también de esos pequeños o grandes lujos que antes se daba, deje ser consumista y sea conforme con menos. Salga al patio trasero de su casa y disfrute del cielo, del sol y del aire libre y respire profundo, écheles agua a sus plantitas, juegue más con su “firulais” y escuche el trinar de las aves. Aunque le resulte difícil, sea responsable y evite comer comida chatarra, adiós a las grasas, las harinas y la sal, y además, si no corre o camina, no servirá de nada comer sano. Aprenda a querer a ese amigo al que usted llama negro, o chino, ya no le diga “fresas” a sus vecinos, ni se burle de su compañero gay. No sea racista. ¡Y por amor de Dios, acérquese a Dios, tome y lea su Biblia, ore a diario en casa! ¿Usted es ateo? No importa, parece frente al cuadro paisajista que tiene en la sala de su casa, y pídale por salud y protección.

No se vaya usted a quedar esperando a que el gobierno federal le resuelva la vida, a que le garantice su empleo, o a que decida no cobrarle la luz o el agua o los impuestos.

El presidente y su familia, su gabinete y las familias de este, sus funcionarios y sus respectivas familias están bien, siguen cobrando su cheque. Usted y yo ¿de que nos quejamos?

Gracias por la lectura, puede seguirme en @mensajero34 y facebook.com/gilberto.armenta.16 además como MensajeroRed en todas las redes sociales

Notas relacionadas:

Opiniones sobre esta nota

Comenta esta nota

Ir arriba