Alemania condena a vigilante nazi de 93 años por el asesinato de 5 mil 230 personas

El trabajo de Dey era subir a la torre y mantenerse alerta con el fin de evitar el escape de los prisioneros, una labor que cumplió de agosto de 1944 hasta abril de 1945, un mes antes de la caída del régimen nazi


El Mensajero

Lunes 27 de julio de 2020


Uno de los últimos juicios contra criminales nazis encontró culpable a Bruno Dey, un exvigilante de 93 años por su complicidad en el homicidio de 5 mil 230 personas en un campo de concentración.


Los crímenes cometidos durante el Tercer Reich dejaron una huella indeleble en Europa y el resto del mundo. Los museos de sitio en los campos de concentración, las placas, estatuas y monumentos esparcidos por todo el continente son un duro recordatorio de una política de exterminio que jamás debe repetirse.


Al término de la Segunda Guerra Mundial, los Juicios de Nuremberg se convirtieron en un procedimiento novedoso para juzgar los crímenes de guerra cometidos por la Alemania nazi. Al mismo tiempo, su mediatización ayudó a construir un proceso de memoria que fincó la conciencia histórica sobre el nazismo, la lucha contra el negacionismo y la apología al régimen que dejó aproximadamente 6 millones de víctimas mortales en su paso por Europa.


75 años después de la caída del nacionalsocialismo, el tribunal de Hamburgo condenó a dos años de prisión en libertad vigilada a Bruno Dey, un exguardia nazi de 93 años por su participación en el asesinato de 5 mil 232 prisionerios en el campo de concentración de Stutthof, Polonia. 


Bruno Dey tenía 17 años cuando sirvió al Tercer Reich como guardia encargado de vigilar a los prisioneros en Stutthof, el primer campo de concentración nazi construido fuera de Alemania en 1939, donde se calcula que fueron asesinadas más de 100 mil personas durante el tiempo que estuvo en funcionamiento.


El trabajo de Dey era subir a la torre y mantenerse alerta con el fin de evitar el escape de los prisioneros, una labor que cumplió de agosto de 1944 hasta abril de 1945, un mes antes de la caída del régimen nazi.


Tanto Dey como su defensa, consideraban que su trabajo en la torre de vigilancia no lo convertía en un cómplice de los asesinatos que ocurrieron en Stutthof. No obstante, la intención de que el imputado –que acudió al tribunal en silla de ruedas y sosteniendo una carpeta azul que cubría su rostro– fuera declarado inocente se esfumó cuando el jurado consideró evidencia suficiente la declaración del exnazi, que confesó su conocimiento sobre la Solución final, las cámaras de gas y la presencia de “figuras demacradas y personas que habían sufrido”, según un reporte de la BBC.


El tribunal de Hamburgo consideró que además de tener conciencia sobre lo que sucedía en Stutthof, Dey mantuvo contacto directo con los prisioneros y evitó de forma activa su escape; argumentos suficientes para encontrarlo culpable en complicidad de los 5 mil 230 homicidios que sucedieron en el campo de concentración durante el tiempo que sirvió en él.


El juicio de Dey es el caso más reciente que juzga a crímenes de la Alemania nazi. Aunque aún se encuentran abiertas una decena de investigaciones contra criminales de guerra, la edad avanzada de los presuntos culpables y la falta de testigos dificultan cada vez más seguir con el proceso de justicia que inició con los Juicios de Nuremberg.


Fuente: Muy Interesante

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