El suéter apestoso

El Mensajero

Miércoles 22 de mayo de 2019


Por: Larissa Armenta


Está mañana no tenía nada con que vestirme. O más bien, no encontraba qué podría vestir entre tanta ropa que tenía amontonada, colgada y doblada en los muebles de mi habitación.


Mientras seguía paseando a lo largo del cuarto con la toalla envuelta en el cabello (ignorando que se me estaba haciendo tarde para ir a trabajar) recordé que tenía un suéter que hacía ya bastante tiempo no usaba, era uno de color negro con rayas color gris y una bolsita con lentejuelas negras ubicada en el lado izquierdo del pecho, amaba ese suéter y lo usaba casi todos los días de invierno cuando asistía a la universidad.

 

Sabía que el suéter estaba guardado en uno de los cajones de debajo del closet en donde suelo colgar mi ropa, y también sabía que de seguro olía a polvo y a guardado, pero aún así decidí usarlo y continuar con mi rutina matutina.

 

En efecto, el suéter apestaba. Tenía 3 años guardado, 3 inviernos arrumbado en el cajón y un sin fin de buenos y malos recuerdos.


Pero, a pesar del latente olor a polvo, que ya me estaba provocando sensaciones de alergia en la nariz, ahí estaba vistiendo ese suéter apestoso con olor a guardado y noté (con la típica tristeza femenina) que ya no me quedaba como antes… en la parte del vientre estaba un poco levantado y de los brazos lo sentía ajustado -juraría que ahora estoy más delgada que antes- fue lo primero que pensé al verme en el espejo. Quizás físicamente ya no era la misma persona que hacía 3 años, sin darme cuenta había cambiado (o engordado) y no lo había notado, el suéter apestoso que tanto adoraba ahora era una prenda más de esas que debía botar si o si, porque de no hacerlo terminaría nuevamente arrumbado o haciendo bulto en un cajón de ropa vieja que no volvería a usar.

 

Así que busque de nuevo entre mi ropa y tomé un suéter color guinda de tipo bordado que hacía poco había comprado, este, a diferencia del otro, olía a limpio y a nuevas experiencias.

 

“Tendrás una vida más interesante si usas ropa impresionante”

Vivienne Westwood.


Y con toda mi neurosis matutina antes mencionada, pienso que así van y vienen los recuerdos, como esos que te provocan una infinita alegría y nostalgia por tan buenos momentos que tuviste en un ratito de tu vida, esos en los que reíste, amaste, lloraste y por aquellos en los que tuviste que luchar por lograr cumplir alguna meta que te habías planteado. 


Pero también están esos que te revuelven el estómago, qué te hacen sentir mal y que quisieras no volver a recordar, sin embargo ahí están y jamás se irán, no porque deban quedarse para complicarte la vida, si no más bien para que puedas aprender a superarlos, dominarlos y hacer que su presencia en tu memoria sean una muestra más de lo fuerte que eres ahora, de lo valiente que fuiste en el pasado y de todas esas mini victorias que, sin darte cuenta, fuiste ganando poco a poco.

 

Hacía 3 años yo no era la misma persona que soy ahora, mi carácter era distinto, mi forma de pensar no iba de acuerdo a mi personalidad, mis metas eran otras, mis amistades no eran buenas y mi corazón estaba lastimado y sin ganas de sentir o abrirse de nuevo.


Entonces ¿por qué volvería a vestir esos recuerdos? El suéter apestoso era la prueba material de aquellos momentos que necesitaban ser vividos, sufridos y bien superados, pues ahora debía vestir ropa nueva, prendas que me den la oportunidad de vivir nuevas y mejores experiencias que ese suéter de color negro con rayas color gris y una bolsita con lentejuelas negras ubicada en el lado izquierdo del pecho, me había permitido vivir 3 años atrás.

 

Conclusión:

 

Así como nos deshacemos de ropa que no nos queda, que está rota, manchada o porque simplemente ya no va con nuestro estilo de vida, también debemos hacer limpia de recuerdos y darle paso a nuevas oportunidades para aprender a vivir. Para seguir creciendo.


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