Itzel Noemi vive para siempre

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Gilberto Mensajero Armenta

 

Ojalá pudiera devolver el tiempo, para verte de nuevo, para darte un abrazo y nunca soltarte, más comprendo que llegó tu tiempo, que Dios te ha llamado para estar a su lado, asi Él lo quiso, pero yo nunca pensé que doliera tanto.

Yo te extrañare de Tercer Cielo

 

El principal sospechoso del caso de la niña Itzel Nohemí Quiroa Seratos se suicidó en su celda. No hay vuelta atrás, ante la atrocidad de lo que hizo, Aarón Guadalupe Ortega Valenzuela no pudo contra su propia conciencia, y antes que pagar por sus culpas, decidió huir por la puerta falsa. Un trozo de la cobija con la que dormía fue su verdugo, y algún lugar alto en su celda, su cómplice.

 

No hay mucho que decir ante esto. La frustración de quienes esperaban un acto de justicia mas que ejemplar, fulminante, aumenta ahora ante la cobardía de quien sabía no le sería posible intentar siquiera justificar su acto, mucho menos declararse inocente.

 

Las investigaciones, avanzadas lo suficiente para ejecutarle orden de aprehensión en la celda donde estaba recluido, se quedarán dentro del folder manila, y archivadas para siempre en preciso lugar, con su numero de expediente impreso a tinta negra como mudo y único testigo de lo que un dia, lo más terrible le sucedió a una criatura de solo siete años.

 

Ni la violación que vivió, ni el homicidio que sufrió debe quedar en el olvido.

Si el suicidio del responsable que ahora - sabiendo que la justicia divina existe - está pagando un castigo más duro que los más de 102 años de prisión que viviría en su sentencia.

 

Ninguna niña, ningún niño más debe formar parte de una historia como esta. Ni uno solo más.

 

Este suicidio que resulta difícil entender es el mallete con el que se cierra el juicio ante la sociedad, porque no hay más culpable que señalar. Porque quienes fueron los responsables de torcer la personalidad del agresor ahora guardan ominoso silencio, sin que nadie sepa quienes son. O sin que nadie se atreva a señalarlos. Impera la ley de “el que esté libre de pecado…”

 

La disfunción familiar que se vive no solo en Sonora sino en todo lugar, conseguirá que Itzel Noemi poco a poco empiece, no a ser olvidada por completo, pero si a dormir en paz, cada dia con mayor resignación. Porque una inocente y cándida vida como la de ella no perece nunca, sino que solo duerme en la eternidad, asi el corazón de todos se acongoja menos, sabiendo que ella vive en un lugar infinitamente mejor que aquel en el que le tocó nacer.

 

Esa disfunción pondrá en la marquesina del siguiente dia otro nombre, otra tragedia, otro agresor y otro suicidio. Nos estamos acostumbrando a vivir asi, insensibles ante los hechos, pero lloriqueando ante la tragedia.

 

¡Yo soy el culpable! Gritó hace diez años un padre de familia de la Guardería ABC. ¡Yo soy el culpable, vengan por mí!

 

¿Quién es el culpable de lo que a Itzel Noemi le paso? ¡Todos nosotros! Sin duda y sin excepción. Quien solo fue el ejecutor se suicido cobardemente, pero nosotros, la sociedad, seguimos con vida, viendo lo mal que hay, pero haciendo como que nada de eso hay.

 

Es tan grave la perversidad en todos que, sin importar Itzel Noemi, algunos aprovecharan esta historia para desgarrarse sus vestiduras, echar las campanas al vuelo, y vociferar a la distancia “enjuicia al culpable, el suicida es inocente victima también”.

 

Y ahí es donde ese expediente con la investigación toma relevancia, porque no juega ninguna autoridad, de ningún nivel, a crear un sospechoso, ni a armar un caso para salir al paso, tratándose de une vida que aún tenía tanto por vivir.

 

Pero mayormente es donde entra nuestro dominio propio para entender que, una maldad como esta, solo nosotros seremos capaces de evitarla desde nuestro mismo seno familiar, educando hijos de bien, hombres de bien.

 

Ella es Itzel Nohemí Quiroa Seratos, y vive para siempre. Su agresor y suicida ya no es nadie más, murió para siempre.

 

Gracias por la lectura. Puede seguirme en @mensajero34 y en facebook.com/gilberto.armenta.16


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