Tu habitación está desordenada

El Mensajero

Miércoles 05 de junio de 2019


Por: Larissa Armenta

 

Estaba tomando una siesta, pero de esas siestas en las que tus ojos están cerrados más tu mente no, y puedes escuchar todo a tu alrededor, cuando mi mamá entró a mi habitación (buscando quién sabe qué cosa) haciendo un ruido total al caminar y gritar un poco desenfrenada...de haber estado completamente dormida me hubiera despertado de sobresalto.

 

“Que cochinero tienes aquí Larissa”, me dijo mi mamá tras adentrarse más a mi habitación.


Yo me mantuve en mi papel de dormida y esperé a que se fuera para tratar de conciliar el sueño, sin embargo lo que ella me dijo me dejo pensando, pues era totalmente cierto, ¡mi habitación estaba sumamente desordenada! Nunca había estado así de sucia y llena de ropa que iba de limpia, medio sucia y hasta sucia …

 

Y yo sabía que TODO comenzó con la silla.

 

Había entrado en esa etapa en la que estudiaba y trabajaba, por lo que llegaba a mi casa solamente a dormir, ya que en varias ocasiones tenía que comer en la universidad o de camino al trabajo, y cuando llegaba a casa a cambiarme de ropa, arrojaba la que traía durante la mañana y con aroma a escuela, en la silla.

 

Ese hábito se fue implementando a tal punto en el que no solamente fue la silla, si no también, el buró, el escritorio y hasta el piso.

 

A quien le pregunten les dirá que mi habitación solía ser la más ordenada del mundo, tendía mi cama, sacudía los muebles de madera, barría, trapeaba, acomodaba mi maquillaje, doblaba mi ropa, etcétera. Olía a limpio, a orden. 


Era agradable para mi llegar a casa y poder descansar en mi habitación, respiraba paz y me podía concentrar y ser feliz después de tener un día agitado.

 

Pero no fue hasta esa tarde en la que mi mamá notó mi desorden, que yo también pude notarlo, y … por Dios ¡eso lo explicaba todo! 


Me era difícil y frustrante llegar a casa porque no tenía un lugar donde descansar, un lugar en donde no tuviera que aventar a la silla o al buró la ropa limpia y recién doblada de mi cama para poder acostarme a “descansar” o un lugar que oliera rico, que se viera bonito o que estuviera limpio.

 

Mi habitación estaba desordenada y por ende, mi vida también.


Suena exagerado, pero es cierto, todo va desde la forma en que mantienes tu habitación o tu hogar, hasta la forma en la que manejas tu vida. Si tú casa es sucia, tu vida está sucia, si tu cama está desatendida, tu vida también, si tus muebles están empolvados, tu vida también.

 

Di un gran paso ese día, tome la ropa limpia, la doble y colgué, sacudí los muebles y me deshice de la famosa silla que ahora sería usada para lo que fue creada: para sentarse.

 

Respiré. Mi cuarto estaba limpio.


Y así, después de barrer y trapear ahora todo estaba bien. Llegar a casa sería más relajante, porque llegaría a descansar y no a mover nada que genere más cochinero.

 

Ahora mi vida estará ordenada, y mi habitación también.

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