Un paseo en Carrusel

El Mensajero

Miércoles 12 de junio de 2019


Por: Larissa Armenta


¿Alguna vez has estado dando vueltas sin parar entre el mismo problema? ¿Puedes sentir como todo gira a tu alrededor y comienzas a ver miles de luces borrosas que te indican que aún estás girando, y por más que tratas no puedes hacer que aquello se detenga?… estás ahí, dando miles de vueltas en el mismo lugar. ¿Piensas parar?

 

Tu día iba bien, habías planeado ir a la feria a dar una caminata y comer alguna de esas botanas que venden en los puestos ambulantes, quizás unas palomitas, unas papas con mucha salsa o un algodón de azúcar. Mientras vas caminando te fijas qué hay varios juegos mecánicos a los que puedes subirte y experimentar un poco de adrenalina, ves qué hay carritos chocones, la clásica rueda de la fortuna, una montaña rusa (que de solo verla se te apachurra el estómago), sillas voladoras, un martillo al que ni de chiste te subirías, entre otros.

 

Pero ante tanto ostentoso juego mecánico, ese que captó tu atención fue el carrusel. Tus ojos rápidamente notaron que había figuras hermosas de caballos muy elegantes repletos de luces brillantes que cubrían su colorida escultura.

 

Veías que giraban en el mismo sitio a una velocidad moderada y hasta monótona y de pronto pensaste si sería buena idea subirte, pues lo llegaste a considerar infantil y poco entretenido. Querías sentir el hormigueo en tu piel que solo la montaña rusa lograba al apachurrarte el estómago.

 

Sin embargo, el miedo a terminar con náuseas fue más fuerte que la adrenalina y te formaste directo en la línea que iba al carrusel.

 

-No hay nada que hacer, cuando ante una montaña rusa alguien prefiere un carrusel-

 

Escoges tú caballo favorito, (color blanco, corona dorada y joyas de diversos colores) lo montas y comienzas a sentir cómo se va moviendo. Lento, arriba y abajo en el mismo lugar, así que cierras tus ojos y te dejas llevar por el sutil movimiento del carrusel. Te sentías a salvo.

 

De la nada, tu estómago comienza a sentir náuseas, te mareas y sientes la piel de gallina, aquellas vueltas que al principio eran lentas comenzaron a ser tan rápidas en un abrir y cerrar de ojos que todo a tu alrededor se tornó borroso, no logras hacer que ese paseo en carrusel se detenga por más que gritas pidiendo que pare… te sentías al borde de la caída.

 

Pero no podías bajar y nadie te escuchaba gritar.

 

Una vez leí que la vida es un carrusel del que hay que bajarse de vez en cuando, que nuestros problemas se transforman en un nauseabundo paseo en carrusel del cual nos es difícil llegar a bajar porque nosotros mismos no sabemos como hacer que se detenga.  Solemos enfrascarnos tanto en nuestros problemas que preferimos llenarnos de frustraciones, problemas mentales y de una salud poco confiable a querer luchar por detener ese amargo paseo repleto de  dolores estomacales. O insesantes jaquecas.

 

Y a veces nos aferramos tanto a que alguien mas nos ayude a bajar, que optamos por no hacer nada al respecto y solo sentarnos a llorar, a lamentarnos por tanto problema personal en lugar de tratar de bajar por nuestra propia cuenta de aquel tormentoso e interminable carrusel. Nos resulta más sencillo culpar a los demás por no habernos ayudado, que haber empezado a buscar ayuda nosotros mismos.

 

De muchos carruseles a duras penas te has podido bajar porque aún te cuesta trabajo saber en qué momento es necesario detenerlos para poder pisar nuevamente el suelo, y si hay algo que puedo decir es que el carrusel lo llevas tu… tu eliges en que caballo te subirás, a que velocidad irás y cuantas subidas y bajadas tendrás. 


Y es que para poder disfrutar del paseo deberás aprender a manejar todas y cada unas de las palancas que se necesitan para hacer funcionar al carrusel, conocer a detalle cada tornillo con el que cuenta, pulir la pintura o a veces hasta darle uno que otro retoque que lo haga ver como nuevo, revisar los engranajes, cambiar la luces por unas más brillantes, todo aquello que sea imprescindible para que el carrusel, tu carrusel, arranque al ritmo que tú prefieras.

 

Sé que no es sencillo, que la vida es mucho más que saber manejar una palanca pues a veces, por más expertos que seamos, podemos enfrentarnos a problemas complejos y difíciles de resolver que nos dificultan el poder detener el paseo en ese carrusel que creíamos sobrellevar.

 

Todo esto que estás viviendo es un paseo con fallas y aprendizajes, el uno sin el otro no tendrían sentido ni razón de ser, las fallas mecánicas del carrusel son necesarias para percatarse de que todo en tu vida esté funcionando, porque después de todo ¿quién dijo que un paseo en carrusel debe ser siempre lento y aburrido?

 

-Enfrentarse, siempre enfrentarse, es el modo de resolver el problema. ¡Enfrentarse a él!-

Joseph Conrad

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