Mi Ropa Vieja

El Mensajero

Lunes 09 de marzo de 2020

Hermosillo, Sonora'


Por: Larissa Armenta


Cuando recién inició el año me propuse algo simple pero de gran importancia para mi: NO COMPRAR MÁS ROPA.


Era una tarea difícil, puesto que gran parte de mi salario lo destinaba a comprar ropa para estrenar los domingos o para una salida casual con mi novio o mis amigos. Estaba cayendo en un círculo de comprar sin necesidad y eso me estaba dejando sin dinero.


Mi ropero y mis cajones estaban vomitando ropa, suéteres, blusas, pantalones y vestidos que normalmente usaba dos veces cuando mucho porque al final me daba cuenta que no me gustaba enseñar mis piernas con cicatrices. Sí, aún no supero eso.


Pero aún así yo trataba de ignorar que tenía demasiada ropa y que por no saber combinar y economizar, me estaba llenando cada vez más de prendas innecesarias que al cabo de los días terminaban arrumbadas en los cajones, ocupando espacio y mal gastando mi dinero. La cuestión aquí no era tanto que comprara ropa cara, era más bien que compraba algo que no necesitaba para nada.


Y un día me puse a hacer limpieza profunda en mi cuarto y decidí que ya era tiempo de donar ropa que ya no me quedaba o que ya no me gustaba. Vaya sacrificio. En lo que acomodaba la que sí me quedaba, sacaba la demás y seguía sacando y sacando y sacando. Mi cama terminó llena de ropa en perfecto estado que había usado máximo 3 veces…


En ese momento sentí una fuerte tristeza en mi interior. Había demasiada ropa ahí que había olvidado que tenía por seguir comprando ropa nueva. ¿¡Qué diablos me pasa!?


Ugh. Estaba muy enojada conmigo misma, era el colmo. No me afectaba el donar ropa porque sabía que haría feliz a otros, pero lo que sí me molestaba era mi adictiva y patética situación.


Lloré. Estaba al borde del colapso, sabía que tenía un severo problema con las compras y que me rehusaba a aceptarlo y por supuesto, en hacer algo al respecto.


Cuando saque la ropa mi papá señaló todas esas prendas buenas que ya no usaba, -tienes muchos pantalones, mira esa blusa hace mucho que no te la pones y está muy bonita- estaba sorprendido, pero yo estaba avergonzada de mi misma. Así que solo le dije que había subido de peso y que la ropa ya no me quedaba. Creo que no me creyó, porque seguía viendo en shock toda esa montaña de 

ropa que estaba frente a él.


Toda esa ropa parecía un horrible monstruo que había decidido atormentarme.


Los días pasaron y algunas de las prendas ya habían sido donadas, pero yo aún no había tomado una decisión respecto a mi situación. Me tomé un tiempo y me puse a pensar, ¿realmente necesito TODA esa ropa?, ¿necesito estrenar cada vez que voy a salir?, ¿qué este en oferta significa qué lo necesito?


No.


Quizás mi antiguo problema te resulte muy absurdo o hasta superficial, pero creo que no soy la única que ha pasado por esto, a veces tratamos de llenar vacíos de nuestra vida llenándonos a nosotros mismos con cosas materiales que nos hacen sentir plenos por un rato y que al final, terminan siendo nada.


No sé en qué momento comencé a sentirme vacía y tampoco sé exactamente porqué me sentía así, esa montaña de ropa no hacía otra cosa más que recordarme lo descuidada que había sido conmigo misma todo este tiempo, pero, gracias a eso también me di cuenta de lo mucho que necesitaba cambiar para formarme como una persona responsable en mis finanzas. En lo que va del 2020 no he comprado nada de ropa y tampoco he tenido el deseo por hacerlo, mi salario me rinde un poco más y mi armario ya no está vomitando ropa, he aprendido a usar lo que ya tengo, destino más dinero para mis ahorros y sinceramente me siento feliz.


Di un gran paso.


Mi excesiva cantidad de ropa se había vuelto pesada para mi, era señal de un vacío emocional y de una gran falta de conciencia económica, sin embargo, ahora puedo decir que me deshice de eso tras haber tenido la idea de donar mi ropa, pues fue lo que me ayudó a reflexionar al respecto.


Ante esto me surgen 3 posibles consejos para ti:


1. Valora tu dinero.
 Sí, trabajas para darte ciertos gustos pero esa no es razón suficiente para invertir tu dinero en cosas pasajeras.

2. Organiza tu ropa. Hay muchas aplicaciones que te ayudan a crear outfits nuevos con ropa que probablemente tienes arrumbada.

3. Dona. Donar no es solo un ejercicio que te ayuda a depurar tu armario, también te ayuda a crear una conciencia social respecto a las necesidades de las demás personas.


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