El pastel de cumpleaños

El Mensajero

Viernes 19 de junio de 2020


Por: Larissa Armenta


En mi familia las celebraciones siempre han sido algo de suma importancia, desde cumpleaños y graduaciones hasta éxitos personales, por mas grandes o pequeños que sean por ley van acompañados de una rica comida, regalos y por supuesto, pasteles.


Sin embargo, cuando cumplí 19 años me tocó festejar sin nada en la mesa, en casa teníamos problemas económicos y comprar regalos y un pastel para esa fecha resultaban casi imposibles. No había dinero, así que me quedé todo el día en mi cuarto terminando una tarea de la universidad, ¿triste? por supuesto que sí, ¿decepcionada? claro que no, a pesar de tener cara de pocos amigos sabía que no era el momento adecuado para gastar lo poco que teníamos en algo bonito pero a la vez banal como un delicioso pastel o regalos, así que mejor aparté esas ideas de mi cabeza y continué haciendo algo mucho peor: tarea de estadística. Vaya regalo de cumpleaños.


Pero quien peor se sentía por no haber podido celebrar mi cumpleaños era mi papá, estaba mucho más triste que yo, sentado en el sillón de la sala, con su pierna cruzada y su mano recargada en la barbilla, solo pensando.


Con un poco de pena me acerqué a él y traté de hacerle sentir mejor diciéndole que había escogido la carrera de Ciencias de la Comunicación porque creía que no tenían matemáticas y que ahora estaba hasta el cuello con una tarea de estadística. Pero él solo sonrío de lado, soltó un risita y ahí quedo. Podría haberme puesto a hacer malabares en un monopatín y aun así mi papá seguiría triste.


A pesar de haberle dicho que no estaba molesta por no haber celebrado mi cumpleaños y que entendía perfectamente la situación por la que estábamos pasando, él seguía triste, cabizbajo y dando sonrisas llenas de tristeza, así que mejor volví a terminar lo que me quedaba de tarea todavía mas triste, yo sabía que mi papá pensaba que me había decepcionado.


Por la tarde del día siguiente él no estaba en casa y afuera el calor era abrasador. Como él no llegaba mi mamá estaba preocupada pensando que él se había deshidratado, en ese tiempo no teníamos carro así que era muy probable que mi papá anduviera a pie, soportando el terrible calor.


En un momento de preocupación me asomé por la puerta y a la distancia alcancé a ver a mi papá caminando muy apurado y sosteniendo entre sus manos un caja con un pastel dentro de ella. 


Llego cubierto de sudor, oliendo a ropa quemada y sediento pero con una sonrisa en su rostro, ya no era la misma persona cabizbaja del día anterior.


Verle feliz me hizo sentir feliz.


Un día después de mi cumpleaños mi papá había regresado con un pastel tras haber caminado por un largo rato y muriendo de calor. Un pastel que yo no esperaba recibir, un pastel que más allá de tener fresas, crema batida y nieve, tenía el esfuerzo y el sacrificio de mi papá por poder comprarlo, por hacerme feliz y por hacer de aquel día toda una celebración.


Yo ya lo sabía, pero ese día me quedó todavía mas claro, que aunque pasen miles de etapas de escasez mi papá siempre buscará la forma de hacernos sonreír, no con cosas materiales sino con sus acciones.


Tras soplar las velas y pedir un deseo ese delicioso pastel de fresas dejó de ser solo un pastel pues se había transformado en el reflejo de todo lo que mi papá estaba dispuesto a dar por su familia, aún en los peores días.


Gracias por todo papá, te amo. ¡Feliz día del padre!


Opiniones sobre esta nota

Comenta esta nota

Ir arriba