Con la salud no se juega

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Gilberto Mensajero Armenta

O bien, nos rehacemos como equipo o nos desmoronamos centímetro a centímetro, jugada a jugada, hasta que estemos acabados

Tony D’Amato 

No hace falta mostrarle a nadie la curva de contagios y decesos por Covid 19 en Sonora, porque desde marzo pasado hemos visto el crecimiento de la pandemia, y hasta esta fecha de julio no hay un solo sonorense que no cuente entre los suyos a un contagiado, o que tristemente no llore a un cercano que haya perdido la vida. El recuento de los daños una vez que todo esto pase será brutal.

Pero veamos el aspecto económico, en el que todos hemos perdido nuestra empresa familiar, nuestro empleo, o hemos visto la provisión en nuestra casa reducirse. también todos hemos dejado de ver a familiares cercanos, suspendido nuestras vacaciones, cancelado todos nuestros planes, olvidado festejos importantes, y porque hemos tenido que ver a nuestra pareja y a nuestros hijos vivir a piedra y lodo, durante ya cuatro meses y contando.

Todos esperábamos el anuncio de una vacuna disponible, de un tratamiento eficaz contra el contagio, o por lo menos, que alguien dijera que el Covid 19 ya no es tan peligroso, y que podíamos retornar a nuestra vida con tranquilidad. Nada de esto sucedió.

Lo que si llegó con sorpresa fue el anuncio del semáforo Covid, que cambio de riesgo máximo (rojo) a riesgo alto (naranja). Mire usted, la tabla de contagios y decesos que puntualmente entregaba la Secretaría de Salud estatal, no permitían en absoluto ese cambio de color, no. Lo que esos conteos indicaban es que Sonora debía permanecer en rojo.

Para muchos sectores en Sonora, el cambio de color se confundió con un “salgan a la calle y retomen su vida normal”. Y eso fue lo que sucedió, pese al esfuerzo del gobierno estatal y de algunos municipales, por aclarar que salir podía ser aún de alto riesgo para todos.

Los negocios se abrieron, la movilidad urbana creció, y el tráfico vehicular aumentó. ¿La consecuencia? El semáforo naranja permanecerá hasta más o menos el 31 de julio, y a partir del 01 de agosto y hasta el 15 más o menos del mismo mes, la escalada de posibles contagios podría aumentar significativamente, y con esto, los decesos, y en el inter, la sobre saturación hospitalaria.

Con el semáforo rojo, la autoridad estatal lidiaba a diario con el reporte de todos los hospitales en Sonora, que en muchos dias llegaron a anunciar la disponibilidad de diez o menos camas para hospitalizaciones, y en otros tantos informaron no tener espacios siquiera en los pasillos. Con el semáforo en naranja, en agosto próximo, la historia que estaremos escribiendo será más trágica y desesperante.

El gobierno federal, con esta irresponsable decisión, echó a los sonorense en una tómbola, y nos estará rifando durante las siguientes cuatro semanas para observar el comportamiento del Covid 19, ya con la reactivación económica y social. Nos colocó en un tubo de ensayo para experimentar con nosotros.

Además, y viendo lo que a nivel nacional se hace con el tema de Emilio Lozoya Austin, y coincidiendo con conocido columnista nacional que aseveró que las consecuencias jurídicas en ese tema, serán las que electoralmente el presidente ocupe, me atrevo a decir que, con ese semáforo naranja, lo que la federación está haciendo es intentar poner al borde del colapso al gobierno de Claudia Pavlovich y su gabinete, porque eso es justamente lo que ellos ocupan, no solo en Sonora, sino en todos los estados donde habrá elecciones.

Quien vaya a ser la candidata o candidato por Morena a la gubernatura de Sonora, ocupa, le urge diría yo, que la gobernanza claudillera colapse, que existan banderillas que colocarle con dureza sobre los lomos, y al no haber más temas que endilgarle, quieren echar mano por lo menos de los de salud, y acusar al gobierno estatal actual, de lo que ellos suponen será una crisis por venir, ante el anticipado rebrote de coronavirus que estaremos viviendo.

A la gobernadora le preocupa eso sobremanera, lo del rebrote y la afectación a la salud de los sonorenses, por eso su llamado a considerar que vivimos en semáforo rojo y no naranja, a seguir bajo resguardo, a mantenernos ajenos a lo que a la distancia nos dicen, y prestar oídos solo a lo que en lo local se asevera.

En tanto, el gobierno federal sigue de plácemes jugando con Lozoya, con el avión presidencial, con los cubre bocas y con anuncios de “fusilamiento” político en las redes sociales.

Con la salud no se juega, no se apuesta, no se arriesga. No se vale que lo hagan.

Mañana viernes hablaremos de la reforma al sistema de pensiones. Es buena, pero no tanto.

Gracias por la lectura. Puede seguirme en @mensajero34 y en facebook.com/gilberto.armenta.16

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