La presa Pilares, mitos y verdades

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Gilberto Mensajero Armenta

Los más fieles custodios de los mitos son los mercenarios elegidos para defenderlos

Stanislaw Jerzy Lec

La directora general de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Blanca Jimenez Cisneros, agradeció y reconoció la tenacidad de la gobernadora Claudia Pavlovich Arellano para obtener de esta administración federal los 800 millones de pesos – de 2 mil 187 de inversión total - que faltaban para concluir con la presa Bicentenario, mejor conocida como presa Pilares, enclavada en el corazón del territorio guarijío, y cuya ejecución de obra estuvo toda, a cargo del gobierno estatal de Sonora.

La función de esta presa será la de la prevención de inundaciones en toda esa zona hasta Huatabampo y Navojoa, por lo que la mayor parte del año estará con una mínima afluencia de agua, y a su mayor capacidad en la temporada de lluvias y huracanes o ciclones.

Ayudara también a preservar el patrimonio histórico prehispánico, que de acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se encuentra diseminado en todo ese territorio.

Los guarijíos por su parte podrán realizar actividades de acuacultura, y contarán además con permisos de concesión de agua que les permitirán, sin problema alguno, disfrutar del embalse de agua en esta presa. Importante mencionar que fue necesario reubicar a 284 miembros de esta etnias en dos nuevos pueblos, donde se construyeron 70 viviendas con todos los servicios para estas familias.

Esta presa, como arriba se dice, ayudara al gobierno federal y al estatal a evitar la inversión de hasta 3 mil millones de pesos - como sucedió en al menos una ocasión pasada - para la reconstrucción de comunidades y campos agrícolas, luego de las inundaciones producto de los fenómenos naturales que azotan en ciertas épocas del año a Sonora.

Todo lo que acaba usted de leer fue parte de la ficha técnica que la funcionaria de la Conagua expuso, y que Andrés Manuel López Obrador y Claudia Pavlovich Arellano escucharon con atención.

Pero Juanito Rodríguez, el vocero de la comunidad guarijía, y que se encontraba entre el público, tenía planes distintos. En lengua guarijío (vertiente de la lengua cahíta y la yoreme mayo), se dirigió en primer orden a sus mayores y hermanos de raza presentes, corrigiendo asi el guion del evento, que debio haberles la palabra primero a ellos, antes que al presidente AMLO, a quien tuvieron la necesidad de detener en su camino al estrado para dar su mensaje, y pedirle le permitiera hablar primero a su vocero.

Juanito Rodríguez fue muy claro, y habló sin complicaciones: demandó se cumplieran los compromisos sobre apoyos para vivienda, salud, educacion, agua potable, infraestructura urbana, transporte, alimento, seguridad, y demás temas relacionados a la familia.

El presidente López Obrador se comprometió, una vez más, a atender todas y cada una de las necesidades mencionadas, y para el anecdotario quedará que en su proxima visita a esta comunidad indígena (si acaso hay otra visita), el presidente deberá venir a hacer un recuento de los compromisos cumplidos, aunque esos compromisos ya estaban signados en el pasado. Comprometió también a la gobernadora sonorense a cumplir con esas demandas, y ya con eso, le dio pie a la mandataria a gestionar lo que los guarijíos piden para ellos, y miren que ella es hábil para tocar puertas, bajar recursos, y convencer cuando de dinero para proyectos para los sonorenses se trata.

Su discurso, el del presidente, estuvo impregnado de romanticismo histórico, hizo alusión a artistas ya fallecidos, y si, también habló de la corrupción del pasado, y de la urgencia de seguir gobernando para los pobres. Pero hay un detalle: está a poco más de un año de llegar a la mitad de su gobierno, y los pobres que se sumen a esas listas que el Inegi maneja, ya empezaran a ser sus pobres.

En su último dia en Sonora le tocara hablar de los pobres de otra etnia, de los yaquis. Y con los yaquis se comprometió cuando era candidato a la presidencia, cumplirles una serie de peticiones que ellos le plantearon en la ramada de Belem, uno de los 8 pueblos yaquis, y esas son las mismas que las de los guarijíos: salud, educación, seguridad, violencia intrafamiliar, infraestructura urbana, empleo y un largo etcétera. Por eso los yaquis lo están esperando, ellos quieren escuchar respuesta de su parte, programas y proyectos para ellos, no quieren más promesas, ni compromisos, ni fechas futuras.
Seguramente al presidente ya le “barbecharon” el camino para que llegue sobre blandito con los yaquis, pero si ellos son sumisos, mostraran un rostro que siempre han jurado no tener. Ya veremos.

Concluyendo, la presa Pilares era una obra con el 80 por ciento de su construcción ya concluida, los 800 millones de pesos que faltaban para terminarla los gestionó la gobernadora Claudia Pavlovich, y fue el gobierno estatal el responsable de la ejecución de su construcción. Todo lo demás son mitos que a algunos oficiosos ¡solo les sirven para sobrevivir en las redes sociales!

Gracias por la lectura. Puede seguirme en @mensajero34 y en facebook.com/gilberto.armenta.16

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