Alfonso Durazo, el ex secretario de seguridad

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Gilberto Mensajero Armenta

La cobardía intelectual es el peor enemigo al que habrán de enfrentarse los periodistas

George Orwell

La numerología respecto a la inseguridad y a la incidencia delictiva en México es abrumadora. El tipo de delito que usted quiera mencionar tiene datos a la alza.
Los resultados que la Guardia Nacional ofrece en el combate a la delincuencia organizada son pobres.
Los capítulos a lo largo y ancho de México, respecto al secuestro de la paz social por los que hacen el mal, son desalentadores.

Los planes y los proyectos del gobierno federal para apoyar a las fuerzas policiacas, particularmente a las estatales y a las municipales son desastrosos.

Los números de muertos, secuestrados, violados, asaltados, violentados y desaparecidos son terroríficos.

En Sonora, como en México, la criminalidad está apropiada de su territorio.

Nadie puede ni debe venir a decirnos en nuestras narices que las bandas criminales ya no operan en nuestro estado, que las fuerzas armadas federales están atacando de frente a los delincuentes, y que en Empalme, Guaymas y Cajeme “las cosas están muy bien”. Nadie puede tener el derecho a decirnos que los comisariados federales, en algunos de nuestros municipios, son un éxito en operatividad y eficiencia.

Por eso es importante entender que Alfonso Durazo Montaño debe ser visto y tratado como el ex secretario de seguridad pública federal, y como tal debe ser cuestionado respecto a los números que entregó al presentar su renuncia.

De lo único que debería hablar es de los programa que él operó en Sonora para frenar la ola delictiva que nos aqueja.

Los datos que debe estar ofreciendo en los espacios mediáticos que se le abren, deben ser solo los que nos digan sobre el esfuerzo que como funcionario federal hizo para proteger la vida, el patrimonio y la integridad de los sonorenses.

Lejos de hablar de errores y deficiencias del gobierno estatal sonorense, debe hablar de los que él y la secretaría a su cargo por dos años cometieron. Dicen que el primer paso para un reconocimiento público es justamente reconocer los errores propios, antes que señalar los ajenos.

Cuando en sus apariciones publicas coincida con los alcaldes que pertenecen a Morena, en vez de dejar que estos presuman su relación con él en redes sociales, debe hablar de frente a todos de los errores que estos munícipes vienen cometiendo en la prevención de los delitos, de la rustica operatividad de sus policías municipales como primeros respondientes, y de las complicidades de estos elementos con los delincuentes.

Si va a hablar de corrupción, debe hablar de la que él detectó en las fuerzas armadas bajo su cargo, y como la combatió.

Si nos va a hablar de como pacificara a Sonora, que nos explique primero porque no lo hizo en sus dos años como responsable de la seguridad en México.

Que nos diga asertivamente porque él tiene derecho a todo un aparato de escoltas y de seguridad a su servicio, mientras que todos los demás estamos a expensas de los criminales, sin más protección y defensa que la que nuestras propias manos nos den.

No debe existir cobardía intelectual en ninguno de nosotros, como periodistas, para cuestionar con firmeza cualquier tema sobre la fallida seguridad en México, pero tampoco debe haberla en los sonorenses, en el ciudadano común, para entender que no deben suponer que los errores o fallas que se hayan cometido en seguridad deben quedar de lado ante la promesa de “yo si se como hacer a Sonora más seguro”.

Alfonso Durazo Montaño no es ni aspirante, ni candidato, y mucho menos gobernador. Él es el ex secretario de seguridad pública federal, y como tal debe ser tratado y cuestionado respecto a su trabajo. Una vez que esa etapa sea superada y bien presentada en Sonora, que el ahora ex funcionario federal dé los siguientes pasos rumbo al 2021. Primero lo primero, pues.

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